Una mirada proactiva al conflicto para evitar el acoso escolar: porque el conflicto enseña, pero el bullying daña

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En nuestro centro educativo, pequeño y de enfoque Montessori, convivimos cada día con las emociones, intereses y maneras de relacionarse de niños desde los 3 a los 12 años. Esa convivencia natural y enriquecedora, también trae consigo desacuerdos, frustraciones, roces y conflictos, es parte del aprendizaje social. Sin embargo, hoy en día observamos una preocupación creciente entre muchas familias, en todos los centros educativos, que temen que sus hijos/as se puedan ver en cualquier discusión, insulto aislado o empujón y que esto pueda ser “bullying”, acoso escolar, cuando en realidad muchas de estas conductas de mayor frecuencia pueden formar parte del desarrollo normal, especialmente cuando hablamos de la etapa de infantil y los primeros cursos de Primaria.

En el Informe Anual 2024 del Defensor del Pueblo Andaluz sobre acoso escolar se alertaba ya de que muchas familias “confunden” episodios de agresión escolar esporádica o conflictos en la convivencia con acoso y que, por ello, se debería intervenir mediante medidas educativas, en ocasiones mediante el plan de convivencia, y no siempre con sanciones.

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Es necesario, por ello, ofrecer claridad, basándose en la evidencia, la experiencia pedagógica, la neurociencia y las definiciones oficiales, para diferenciar entre conflicto evolutivo o agresión puntual de lo que es bullying. Y, además, explicar cómo actuamos en nuestro centro para prevenir, detectar y acompañar.

Qué es normal por edad y qué no lo es: Creemos que es importante esta distinción y saber que los niños y niñas están aprendiendo a relacionarse, están aprendiendo la resolución pacífica de conflictos y están aprendiendo qué es la asertividad, qué es la empatía y, sobre todo, el cómo nuestras conductas afectan a los demás. Por ello, se pueden dar situaciones de desacuerdo o frustración que derivan en situaciones desagradables para todos.

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En este sentido, la neurocientífica Sarah-Jayne Blakemore insiste en que el cerebro infantil y adolescente se encuentra en un “laboratorio de prueba social” e indica que
los niños necesitan experimentar conflictos para aprender habilidades sociales. El desarrollo del lóbulo prefrontal (autocontrol, empatía, planificación) continúa hasta los 20-25 años. Por eso, intentar que los niños “no tengan problemas nunca” no solo es imposible, sino que es contraproducente, sin práctica real no desarrollarán la resiliencia social necesaria para su vida adulta. Además, sugiere no olvidar los beneficios de algunos recursos como  la meditación para la fomentar la inhibición conductual y la empatía.

En Educación Infantil (2–6 años) el cerebro está aún en plena maduración del control de impulsos y de la empatía y pueden ser normales:

  • Disputas frecuentes por objetos (“yo lo tenía”, “yo lo vi primero”).
  • Conductas impulsivas: empujones, tirar del brazo, gritar, dar un manotazo.
  • Dificultades para esperar turnos o compartir.
  • Expresiones emocionales intensas.

Lo NO normal sería:

  • Conductas repetidas y dirigidas siempre hacia el mismo niño.
  • Exclusión sistemática (“no puedes jugar nunca”).
  • Intención clara de dañar o humillar (aunque rara en esta edad).

En Educación Primaria (6–12 años) y a medida que avanzan los cursos, pueden aparecer conflictos nuevos:

  • Insultos ocasionales (“tonto”, “pesado”).
  • Burlas aisladas.
  • Zancadillas puntuales en un momento de enfado.
  • Risas cuando alguien comete un error.
  • Deseo de pertenencia que genera roces en los grupos.

Esto entra dentro de lo esperable si no es a la misma persona, repetido, sostenido ni deliberado.

Lo NO normal sería:

  • Aislamiento intencionado y mantenido (“nadie se sienta contigo”).
  • Insultos repetidos y dirigidos a la misma persona.
  • Daños físicos recurrentes.
  • Difusión de rumores para dañar la imagen de alguien.
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Diferenciar el conflicto del bullying es muy importante.  Javier Urra expone que es esencial comprender esa diferencia, porque hoy existe el riesgo de etiquetar como bullying situaciones que no lo son, lo que como advierte David Pastor Vico (filósofo) en su libro “La era de los idiotas”, puede llevarnos a hiperproteger a los niños de cualquier roce limitando su capacidad de resiliencia y aprendizaje social y, a la vez, desatender los problemas realmente graves.

Según AEPAE, Asociación Española para la Prevención del Acoso Escolar, el bullying implica: Intencionalidad de hacer daño (físico, verbal o emocional), repetición en el tiempo, desequilibrio de poder (fuerza física, popularidad, edad, grupo) y la imposibilidad de la víctima de defenderse. Si falta alguno de estos elementos, no estamos ante acoso escolar, sino ante otro tipo de conflicto que debe ser acompañado y atendido, pero no etiquetado incorrectamente.

La prevención constante debe ser la primera herramienta contra cualquier acción violenta y, por supuesto, se deben usar otras muchas, entre ellas los protocolos oficiales claramente definidos.

Si bien ningún centro educativo puede considerarse libre de riesgo, la estructura de los centros Montessori, como nuestro colegio, nos coloca en una posición algo más favorable en cuanto a la prevención y, sobre todo, a la posibilidad de una muy baja incidencia de casos de acoso escolar por las siguientes razones:

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  • Colegios (en general, aunque no todos) más pequeños en cuanto a número de alumnado, con muchos adultos acompañantes y pocos alumnos. Esto reduce significativamente el riesgo de acoso por poder llevar a cabo una mayor supervisión (los adultos observamos las interacciones casi de forma constante).
  • Menos anonimato: en grupos reducidos es muy difícil sostener dinámicas de abuso sin ser vistas.
  • Relaciones profundas: conocemos bien a cada niña y niño, sus necesidades emocionales, sus formas de relacionarse y sus cambios de conducta.
  • Cohesión grupal: los grupos pequeños tienden a generar vínculos más estables y seguros.

Además, al ser una pedagogía que incorpora factores protectores en sí misma, favorece relaciones más sanas:

  • Educación para la Paz, como principio destacado y sentido de la pedagogía.
  • Fomento de la autonomía emocional y la autorregulación.
  • Uso de la comunicación no violenta y el respeto mutuo.
  • Ambientes cooperativos, no competitivos.
  • Grupos multinivel donde el mayor cuida y guía al pequeño.
  • Observación continua del adulto.

Todo ello crea, en general, un mejor clima escolar. Aun así, la prevención es obligatoria e  irrenunciable. Por ello, en nuestro centro combinamos numerosas actividades y acciones de prevención claramente definidas en nuestras políticas del centro:

  • Mediación constante por parte de los educadores.
  • Acompañamiento emocional diario.
  • Prácticas de resolución de conflictos ganar-ganar.
  • Comunicación no violenta.
  • Protocolos oficiales de convivencia y protección infantil.
  • Aplicamos protocolos, Plan de Convivencia y mediación.
  • Educación emocional y convivencia con sesiones periódicas, talleres y rutinas de autorregulación.
  • Meditación y asambleas diarias en todos los niveles.
  • Generamos conciencia social: actividades, cuentos relacionados, etc.
  • Canales de comunicación seguros claros para los alumnos/as: Buzón anónimo para detectar situaciones ocultas (aunque en un centro pequeño rara vez se usa porque los niños saben que pueden acudir a los adultos fácilmente y cuando lo hacen suelen indicar sus nombres).
  • Formación del personal: El equipo docente actualiza conocimientos en convivencia, desarrollo infantil, neurociencia, protocolos, acoso escolar, derechos de la infancia, herramientas preventivas, etc.
  • Colaboración estrecha con las familias: Informamos cuando es necesario para reforzar en casa la reflexión y la reparación.
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Aunque nuestro centro presenta un riesgo bajo por su estructura y metodología, el acoso escolar es un problema real en España con estadísticas muy claras, por tanto, posible en cualquier centro y esto hace que tengamos una conciencia de alerta en la que no se baja la guardia y no se normaliza la violencia.

Tampoco podemos olvidar que prevenir el bullyng es una responsabilidad compartida entre la sociedad en general, los centros educativos y, por supuesto, el papel indiscutible de la familia.

El primer agente educativo es la familia y es la que debe enseñar a respetar. La escuela acompaña, educa y cuida, sin olvidar que los valores se aprenden principalmente en casa. El respeto empieza en el hogar y la empatía se modela en la convivencia familiar. Es por ello, que los diferentes informes anuales sobre acoso escolar, destacan siempre la implicación de la familia en la labor de prevención. La capacidad de pedir perdón se aprende observando en los adultos la amabilidad y el trato hacia los demás y se moldea, en general, mediante la imitación de sus principales figuras de referencia

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Cuando familia y escuela trabajan en la misma dirección, los niños crecen seguros.

Si logramos acompañar los conflictos cotidianos desde el respeto, la calma y la guía adulta, ayudaremos a los niños a crecer fuertes, empáticos y capaces de convivir de forma saludable.